domingo, 11 de abril de 2021

Vencidos por la tormenta perfecta

24 horas después del último clásico de la temporada se pueden adelantar muchas conclusiones. Nadie puede discutir que la liga sigue abierta y que existen posibilidades matemáticas, y por lo tanto reales , de que el Barça pueda ganarla. Pero obviar estas conclusiones a las que me refiero sólo nos llevaría al engaño y a la distracción. Como aquí denunciamos en su día y como el propio Koeman advirtió , eso sí entre líneas y con máximo respeto a la institución y a su delicadisima situación política, deportiva y económica, la plantilla es la que es y no tenía ninguna fe en poder ganar algo. Intento explicar estas conclusiones (mis conclusiones). El equipo es inexperto, falta calidad y experiencia en muchas posiciones, y además acusa sobremanera la terrible falta de definición arriba que por encima de todo viene condenando las aspiraciones del conjunto. Esto explica por qué el Barça ha caído estrepitosamente en todas las confrontaciones directas frente a equipos de alto nivel y similar tamaño. El partido de la liguilla de Champions en Turín nos dio una pista enorme sobre lo que acontecería. Ha sido hasta la fecha el mejor partido del equipo pero sólo ganó 0-2, con gol definitivo casi en el descuento y de penalti por parte de Messi. Y a pesar del buen resultado, si se analiza cuidadosamente lo visto en el campo, se puede discernir fácilmente la terrible temporada que se avecinaba. El Barça jugó primorosamente desde atrás, sacando la pelota al primer toque con precisión acostumbrada antaño pero al llegar al área rival, todo el mundo sólo buscaba un objetivo que no era el gol ni la portería contraria: pasar la pelota a Messi. Esto provocó romper el tempo de los ataques, de las jugadas de gol y las muchas oportunidades diáfanas de marcar se fueron al limbo por desinterés, falta de calidad, inapropiada mentalidad o puro infortunio. Conté en ese partido (pueden revisarlo cuando deseen para comprobarlo) hasta 15 ocasiones de gol claras falladas. Al finalizar el partido y con el resultado favorable llovieron los elogios sobre el equipo de Koeman. Todo el entorno y el propio equipo se felicitó por el gran resultado. Pero fue una enorme mentira y una gran señal del enorme error que se estaba cometiendo y que luego provocó lo que estamos viviendo. Si cambian escenarios y camisetas, aquél partido de Turín ha sido muy parecido al decisivo que vivimos en Paris o el reciente de anoche en Madrid. Los dos han costado perder la champions y en condiciones normales la liga. Y es lógico que suceda porque no se ha movido un dedo para solucionar el problema cuando hubo tiempo para prevenirlo y hacerlo. A cambio, el barcelonismo se emborrachó de aquella ilusión (0-2) que distorsionó la realidad (baño al rival pero 15 goles fallados en una costumbre peligrosa ya incrustada hasta los huesos del equipo que ha acabado por condenar un año más al Barça) En los partidos pequeños se sufre innecesariamente para ganar (como ocurrió contra el Valladolid en el preludio del desastre del Di Stefano una semana después), cuando se gana, y en los grandes se han perdido todos. Y , salvo matices o intangibles, por la misma razón. El equipo llega en ataque y nadie es capaz de marcar la diferencia, incluido Messi. Se fallan ocasiones a puerta vacía, penaltis, faltas peligrosas que Messi ya casi nunca acierta, manos a manos, tiros de media distancia francos que se envían flojos a las manos del portero rival o a la grada cuando van algo más fuertes. Parafraseando a Mourinho, el Barça actual sale de caza mayor con gatos y eso lo explica todo. Griezmann, Dembelé , Coutinho, Trincao, Braithwaite y el actual Messi más próximo a un ex jugador que al mega crack que ha impuesto su ley durante una década son ahora mismo prácticamente intrascendentes ofensivamente. Resulta desesperante además cuando esta inoperancia ofensiva se suma a los errores no forzados atrás. Errores infantiles en las marcas, pases innecesarios que provocan pérdidas cerca del área que aprovechan los rivales, goles en propia meta cómicos y todo aumenta a medida que se acumulan los fallos en la definición arriba y el marcador se convierte en una losa enorme imposible de solucionar dadas las circunstancias. Sin hablar de Ter Stegen, tan valorable como persona y profesional como nefasto en su rendimiento puramente deportivo. Mal colocado generalmente, impotente en el juego aéreo, abusando del juego con los pies y provocando pérdidas trágicas de balón. Cada buena parada que hace se diluye con 2-3 intervenciones nefastas que cuestan goles evitables. Ayer mismo en el enésimo gran duelo perdido ante un grande, en este caso el Madrid, se tragó el gol de Benzema absolutamente evitable por cualquier portero de alto nivel. Courtois le dio una lección de saber estar, seguridad y de parar lo parable cuando se convierte en el último obstáculo para el rival . Sería un milagro ganar esta liga, como lo sería ganar la Copa. En las grandes citas los enormes errores en las dos áreas condenan a este Barça débil, acomplejado, juvenil y con enorme déficit de calidad en posiciones clave, como es el ataque. Sin un ataque a la altura del nivel que se debe exigir en el Barça es prácticamente imposible ganar títulos. Ya no hablamos del factor intangible de los arbitrajes y el VAR, un problema crónico y prácticamente irresoluble para el Barça. Ayer sin ir más lejos el primer gol de rebotes de Kroos viene de una falta inexistente. Luego no se pitó un penalti evidente sobre Braithwaite. Pero ¿quién sabe si Messi lo hubiera marcado? Ya falló otro decisivo en Paris, en el enésimo fracaso europeo del argentino en este último lustro. Confiar en él es un acto de fe. Todo el barcelonismo le valora con el corazón, lo que es inevitable, pero muy pocos con la cabeza. Si lo hacemos seriamente y atendiendo a su rendimiento frente a lo que cobra, francamente la conclusión es desoladora. No ha aparecido ni ha marcado la diferencia en ninguno de los choques decisivos y de gran altura de esta temporada. El barcelonismo parece más preocupado en que no se vaya que en ganar los partidos en juego y los títulos. Es decir, pasa lo mismo que ocurre en el campo con sus compañeros. Da la sensación de que casi no importa el resultado, ni marcar goles, ni ganar los títulos porque lo importante es que Messi esté feliz, se sienta valorado y pueda entrar en juego aunque cada vez éste se más intrascendente. Dios me libre de discutir al que ha sido el mejor jugador que he visto sobre un terreno de juego, al que más cariño le tengo y al que le mostraré agradecimiento eterno pero es hora de que el barcelonismo se olvide de la nostalgia, acepte la realidad y dejemos de lamernos las heridas sin entrar en acción real de reconstrucción. La imagen de Messi anoche tiritando de frío como un personaje infantil y desvalido dickensiano es la que estamos mostrando al mundo. Y queremos y necesitamos a Messi metiendo la pelota por la escuadra de Courtois en las 3 faltas perfectas que tuvo al borde del área y que apenas tuvo fuerzas para chutar. Seguir sin aceptar la realidad nos hará retrasar aún más la reconstrucción, dar ventajas a los rivales y no encontrar la salida en este pozo sin fondo donde se encuentra al borde del coma el FC Barcelona. Hay juventud, esperanza y calidad pero insuficiente para ganar títulos importantes por lo que Laporta y su nueva dirección deportiva deben tener mucho tino para acertar en los fichajes y bajas. Y el asunto Messi debe resolverse cuanto antes. Debe decidir él, que se ha ganado ese derecho. Su estatua debe ser construida y venerada eternamente, pero está claro que aunque a mí me duela más que a nadie, ya no puede resistir ni imponerse a las enormes tormentas de agua y truenos que al Barça le esperan , como ayer el mundo entero pudo comprobar. Démosle descanso y agradecimiento por los siglos de los siglos al gran crack del Barça. Es hora de comenzar a perfilar las decisiones que deben tomarse sin más prórrogas en unas semanas. Ojalá sean certeras.

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